Las organizaciones del Tercer Sector tienen un Propósito compartido: Trabajar por el Bien Común y contribuir a transformar el mundo en un lugar mejor.
No existe un Propósito más serio, ni más necesario, ni más exigente; y sólo se logrará desde el inconformismo continuo.
En este contexto, las preguntas catalíticas funcionan como un marco para la innovación y la superación.
También contribuyen a desarrollar, entre los miembros de una organización, una mentalidad compartida de innovación y mejora continua, combinada con la ambición sana y audaz que tanto necesita el Tercer Sector.
El concepto de preguntas catalíticas ha sido impulsado principalmente por Hal Gregersen, profesor de liderazgo e innovación en el MIT, a partir de la inspiración de Peter Drucker sobre el poder de las preguntas adecuadas. «Lo importante y difícil de un trabajo no es encontrar la respuesta adecuada, sino la pregunta adecuada», dijo Drucker en su día.
Lo que se describe a continuación no es una metodología cerrada o canónica, sino una síntesis interpretativa de un marco conceptual emergente, elaborada a partir de sesiones de trabajo y de la experiencia profesional de Futuro Presente. Se trata, por tanto, de un marco en evolución, con un notable potencial de desarrollo.
Y antes de seguir… ¿qué significa el término catalítico?
Un catalizador es aquello que facilita una reacción o un cambio, haciendo posible una transformación que, de otro modo, no se produciría o tardaría mucho más tiempo en darse.
Entonces y muy resumidamente, el objetivo de las preguntas catalíticas es provocar o acelerar innovaciones o procesos de cambio.
Una pregunta catalítica cumple todas o la mayoría de las siguientes características:
Son retadoras
Nos ponen a prueba. Exigen ir un paso más allá, cuestionar lo cómodo y atrevernos a imaginar posibilidades que normalmente no contemplaríamos.
Desafían el status quo
A veces nos llevan a cuestionar la forma en que hacemos las cosas. Eso puede generar incomodidad, pero precisamente por eso nos ayudan a avanzar y a descubrir nuevas formas de hacer y de actuar.
Estimulan “pensar fuera de la caja”
Abren perspectivas distintas y nos llevan a mirar desde nuevos ángulos, trascendiendo nuestra forma habitual de pensar.
Llevan a cambios perdurables
Pueden dar lugar a cambios o soluciones que se mantienen en el largo plazo.
Llevan a cambios disruptivos
Pueden llevar a innovaciones radicales, incluso a transformar completamente todo un sector.
Fortalecen la resiliencia
Pueden ayudar a navegar la incertidumbre, prepararse para los imprevistos y anticiparse a posibles escenarios. Por eso también pueden utilizarse en procesos de diseño de futuros.
Son abiertas
No se responden con un “sí” o un “no”. Activan la reflexión y la creatividad y, en muchos casos, no tienen una respuesta definitiva o cuentan con una respuesta evolutiva, que se revisa y modifica periódicamente. Más que responderse, se trabajan. Esta característica es un imprescindible que deben cumplir siempre.
Como podrás deducir, formular una buena pregunta catalítica no siempre es sencillo. Ayuda mucho analizar vuestra realidad actual, cuestionar sus supuestos y atreverse a ponerla en jaque con el “¿Y si…?” y el “¿Por qué no…?”.
Obviamente, este tipo de preguntas no sirven para todo. No están pensadas para la operativa del día a día ni para la toma de decisiones a corto plazo.
Están hechas para abordar retos u objetivos importantes, fomentar la innovación y abrir espacios de reflexión estratégica profunda.
Guardan cierta relación con las denominadas preguntas poderosas, utilizadas principalmente en coaching y procesos de cambio. Pero mientras que todas las preguntas catalíticas son poderosas, no todas las preguntas poderosas son catalíticas.
Pueden llegar a ser extremadamente ambiciosas, hasta el punto de resultar poco o nada realistas. ¿Son por eso absurdas? En absoluto. Su valor está en que nos invitan a pensar en grande y a romper barreras invisibles y techos de cristal.
Por eso comparten ciertos rasgos con la metodología OKR de definición de objetivos, al sacarnos de la comodidad y autocomplacencia para invitarnos a dar lo mejor de nosotros.
A manera ilustrativa, comparto algunos ejemplos de preguntas catalíticas, relacionadas con la captación de fondos, el diseño de programas/proyectos/actividades, y la gestión de voluntariado.
Te invito a que las analices y a que compruebes si cumplen la mayoría o todas las siguientes características:
Estas cuatro últimas las expusimos en una jornada sobre innovación social en el voluntariado, organizada por FEVOCAM (Federación de Entidades de Voluntariado de la Comunidad de Madrid) y la Escuela de Voluntariado de la Comunidad de Madrid, dentro de la dinámica “Mirando a 2035: ¿cómo seguir innovando en el voluntariado?”
Veamos qué podemos conseguir al trabajar, de forma concreta, dos de estas preguntas sobre voluntariado:
«¿Cómo podría ser la toma de contacto con personas interesadas en hacer voluntariado para que, cuando salgan por la puerta, se mueran de ganas de empezar a colaborar con nosotros?»
«¿Qué deberíamos dejar de hacer y qué deberíamos empezar a hacer en la captación de voluntariado y en la gestión de nuestros programas, si asumimos que los estándares actuales estarán obsoletos en diez años?»
En nuestras sesiones de trabajo, hemos identificado algunos detonantes que pueden ayudar en su formulación, y que comparto a continuación.
Las preguntas no tienen por qué empezar exactamente así; el objetivo de estos detonantes es que sirvan de chispa con la que encender la inspiración.
Las preguntas catalíticas funcionan mejor cuando se trabajan de forma colaborativa (ya hemos visto que este tipo de preguntas se trabajan, no se responden), ya que permiten activar el gran poder de la inteligencia colectiva.
A la hora de diseñar las sesiones de trabajo, conviene tener en cuenta distintas variables: el número y perfil de las personas participantes, el espacio disponible, la cultura organizativa, el tiempo del que se dispone, el esfuerzo que se quiera destinar, y quiénes participarán (todo el equipo, un grupo de trabajo, los miembros de un área en cuestión, los cargos directivos o de responsabilidad), entre otras.
En función de todo ello, la dinámica podrá ser más creativa/lúdica, o más ejecutiva/directa.
Un tip insólito: si os manejáis con la IA, podéis integrarla como un “miembro” más del equipo de trabajo. Podéis programarla para que asuma el rol de un agente experto en innovación para el Tercer Sector. No os podéis imaginar las ideas que puede aportar si se la usa bien (nosotros hemos ido refinando un agente de IA específico que siempre nos sorprende). Como pequeño truco, si queréis forzarla a que aporte ideas extravagantes (que pueden ser muy valiosas), solicitad que su respuesta tenga un nivel de temperatura 0.9.
…en una jornada de teambuilding, orientada a reforzar el espíritu de equipo y a descubrir todo lo que sois capaces de idear cuando trabajáis formando una piña?
…de forma distendida en una comida o mientras compartís una tarde de terraceo?
…dando un paseo por un parque, o en una escapada a la naturaleza?
…junto con otras organizaciones, abordando retos compartidos? Esto puede servir de catalizador (nunca mejor dicho) para el intercambio de ideas y conocimiento de forma generosa y sin reservas, algo tan necesario en el Tercer Sector.
Podemos considerar a las preguntas catalíticas como primas hermanas de los objetivos BHAG (Big Hairy Audacious Goals), detrás de los cuales están algunos de los avances más significativos de los últimos tiempos.
Mientras las BHAG son afirmativas y se centran en el «qué» (“Nuestro objetivo es X”), las preguntas catalíticas son interrogativas e invitan a explorar cómo alcanzarlo (“¿Cómo podríamos conseguir X?”).
Gmail nació de una BHAG. Google se propuso literalmente “Crear un servicio de correo electrónico que sea 100 veces mejor que el de los competidores”.
Y si Google se guía por una filosofía tan inconformista, el Tercer Sector tiene que hacerlo aún más. Recordemos el Propósito compartido: Trabajar por el Bien Común y contribuir a transformar el mundo en un lugar mejor.
Es un Propósito infinitamente más importante que el de Google.
Así que a por ello.
Incorporad las preguntas catalíticas si queréis abordar retos u objetivos ambiciosos, o como forma de despertar vuestra creatividad y fomentar una cultura compartida de innovación e inconformismo.
¿No sabéis por dónde empezar?
Aquí estamos para acompañaros en el camino con:
Un abrazo,
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