Protagonizada por un matón bravucón y sarcástico llamado Woody, la versión temprana de Toy Story era una historia que rayaba lo disfuncional.
Cuando Pixar se la mostró a Disney (que era quien ponía la pasta), se paralizó la producción.
Disney dio a Pixar dos semanas para empezar de cero, o el proyecto quedaba cancelado.
Andrew Stanton (coguionista de la peli) tomó las riendas de la situación y, junto al ‘Story Department’, se pusieron a reescribir el guion desde cero. Sin tiempo para los egos, dejando las jerarquías de lado, con la vista puesta en la supervivencia del proyecto, diciéndose entre ellos con una franqueza radical qué era lo que fallaba, por qué fallaba, y cómo se podría arreglar. Sin contemplaciones.
Aquella forma de trabajar fue echando raíces a lo largo de toda la producción de Toy Story. Con Toy Story 2 ya se formalizó como metodología y, a partir de ahí, se aplicó en todas sus películas: el Braintrust.
Ya hemos mencionado la versión temprana de Toy Story, pero…
En ‘Del revés’, se llegó a plantear contar con 27 emociones diferentes.
En ‘Monstruos S.A.’, el protagonista iba a ser un contable hastiado de la vida que encuentra una libreta con dibujos de monstruos que había hecho de pequeño. Los monstruos cobraban vida y empezaban a acosarle allá donde fuera.
En ‘Up’, la historia iba a girar en torno a dos príncipes que vivían en una ciudad flotante de un planeta alienígena. Al caer a tierra, un pájaro gigante entraba en escena (el único elemento de aquella versión que sobrevivió hasta la película que conocemos).
En todos estos casos y en otros muchos, el Braintrust, en mayor o menor medida, ayudó a transformar aquellas ideas que no acababan de funcionar en auténticas obras maestras de la animación.
¡Así que viva la franqueza radical y su capacidad para enderezar situaciones desastrosas!
El Braintrust es un método de revisión entre pares para proyectos complejos, creado y aplicado en Pixar y, posteriormente, también en Disney Animation.
Consiste en reunir a un grupo de personas de confianza cada cierto tiempo, para que el responsable de un proyecto les exponga en qué punto está y estos le aporten feedback, sugerencias e ideas desde la franqueza radical.
Con ello se busca ir a la raíz de los puntos críticos del proyecto, analizarlos, ver qué es lo que no funciona y valorar qué se podría hacer para solucionarlo.
Los principios del Braintrust son los siguientes:
Por último, el Braintrust solo es posible en un entorno seguro, en el que primen el respeto, la empatía y la asertividad.
Todos los participantes tienen que sentir la suficiente confianza y libertad como para poder expresarse y aportar con franqueza radical.
Entre cuatro y siete personas, a ser posible con experiencia en el tipo de proyecto que se vaya a abordar.
Sé que esto en el Tercer Sector puede ser complicado, sobre todo cuando se trabaja con equipos reducidos o poco profesionalizados. En cualquier caso, lo más importante es contar con personas empáticas, asertivas y con criterio.
Y si somos una organización cuyos miembros se cuentan con los dedos de una mano y en la que todos hacemos de todo, podemos valorar implicar directamente a todo el equipo.
Quien lleva mucho tiempo metido en un proyecto puede terminar normalizando lo que no funciona, y le puede costar ver los fallos y los puntos ciegos.
Las miradas externas de personas que no tienen vinculación con el proyecto suelen aportar perspectivas diferentes, más libres de los sesgos que han podido ir arraigando a lo largo del tiempo.
Incluso podemos invitar a participar a compañeros de otras organizaciones.
Se espacian para dar tiempo al responsable y al equipo a trabajar con el feedback recibido y realizar los cambios o iteraciones que consideren.
El intervalo dependerá del proyecto. Lo importante es que sea lo suficientemente amplio como para que haya «chicha» nueva que revisar.
Aunque todavía sea un simple concepto. Cuanto más temprana sea su versión, más valor podrá aportar el Braintrust. Los cambios y ajustes siempre son más sencillos de hacer en las fases iniciales.
Las personas participantes contribuyen con sus aportes desde la franqueza radical, pero es el responsable del proyecto quien decide qué se aplica y qué no.
Todas las aportaciones se recogen por escrito, para evitar que alguna se la lleve “misteriosamente” el viento.
Partiendo de toda esa información, en el siguiente Braintrust se comunica qué se ha incorporado, qué no, y por qué.
Pixar no lo aplica en sentido estricto, pero creo que en este tipo de dinámicas siempre conviene contar con un facilitador que asegure que la sesión sea constructiva y productiva, que se cumplan las reglas y que todas las personas participantes tengan voz.
Nope.
Aunque tienen ciertas similitudes, cada uno persigue un objetivo distinto y se desarrollan en momentos diferentes.
En este artículo, junto con otras metodologías sencillas para la innovación, hablo un poco más detenidamente sobre el brainstorming.
Muy resumidamente y sin entrar en matices, comparto un cuadro con las diferencias generales entre ambos:
| Brainstorming | Braintrust | |
|---|---|---|
| Momento | Al inicio del proyecto | Con el proyecto en marcha |
| Objetivo | Generar ideas | Detectar problemas y mejorar |
| La crítica | Se aparca | Es el centro, y se agradece |
| Resultado | Una lista de ideas | Una lista de posibles mejoras |
| Última palabra | Compartida | El responsable del proyecto |
Pixar y las ONG tienen en común mucho más de lo que creemos.
Ambas trabajan con proyectos complejos y, a fuerza de convivir día tras día con ellos, se corre el riesgo de perder la perspectiva y dejar de ver qué chirría, qué se puede mejorar y cuáles son los puntos ciegos.
Se coge tanto cariño a los proyectos que, en ocasiones, se puede terminar confundiendo lo que verdaderamente funciona con lo que no.
Cuando hablo aquí de proyecto, y en el caso concreto del Tercer Sector, me refiero a su sentido más amplio: cualquier iniciativa, actividad o proceso en el que la organización esté trabajando (un programa de intervención, un itinerario formativo para los voluntarios, una campaña de captación de fondos o de sensibilización, etc…).
Aquí va un resumen rápido por si queréis hacer un Braintrust sobre alguno de vuestros proyectos o directamente implementarlo como una metodología de trabajo más:
Aviso para navegantes:
A ver, un buen Braintrust es probable que saque a la luz verdades incómodas y algún que otro de esos «elefantes en la habitación» que hacemos como que no existen. En el caso de que ocurra, hay que ir a por ellos sin contemplaciones.
Sé que la franqueza radical puede dar miedo, pero qué quieres que te diga, el Tercer Sector es para personas valientes.
¡Si, señor/señora!
El braintrust puede ser otra vía para tejer red y colaborar entre organizaciones.
Un braintrust interorganizacional puede ser un espacio periódico en el que entidades de ámbitos o perfiles similares revisan conjuntamente sus proyectos.
Piensa en las ventajas:
Imagina que lleváis meses diseñando una campaña de captación en la que vais a invertir mucho dinero. Habéis dado con un enfoque rompedor y tenéis todo planificado. Decidís hacer un braintrust, y a tal efecto invitáis a participar a los fundraisers de otras organizaciones de vuestra confianza.
Consideráis que la campaña es una maravilla. Pero los participantes, que no han estado volcados durante tanto tiempo en su diseño y por ello la ven desde el desapego y libres de sesgos, sienten que algo no termina de encajar.
Empiezan a diseccionarla. Señalan puntos que vosotros no habíais visto, reenfocan algunos aspectos, cuestionan otros y lanzan propuestas, algunas de las cuales van contra la propia base de la campaña.
Al terminar el ego de nadie sale herido, porque la franqueza radical ha estado dirigida en todo momento a la campaña, no a las personas que hay detrás de ella.
Y el responsable de la campaña, además de haber visto todos aquellos puntos ciegos en los que ni él ni su equipo habían caído, se lleva varias páginas llenas de buenas ideas.
Rápidamente:
Ese puede ser el poder de la franqueza radical bien encauzada.
Un abrazo,
P.D. Si quieres profundizar en el Braintrust y en la cultura de trabajo que lo hizo posible, la referencia obligada es Creatividad, S.A., de Ed Catmull (cofundador de Pixar y presidente de Pixar y Disney Animation hasta 2019).
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