Subvenciones en el Tercer Sector: viviendo en la cuerda floja

El Tercer Sector tiene muchas vías de financiación, pero si hay una que destaca por encima de las demás, esas son las subvenciones. Estatales, autonómicas, locales, de carácter privado… Las hay muchas, de muchos tipos y de diferentes cuantías. En Futuro Presente tenemos bastante experiencia en redactar proyectos para solicitarlas, gestionar la cuantía en caso de recibirlas y dedicar horas y horas para justificarlas.

 

Por eso podemos decir sin tapujos que no somos fans de las subvenciones en el Tercer Sector.

 

Sí, suponen una ayuda para sacar adelante un proyecto. No podemos negar que hay grandes acciones que se han hecho gracias a una subvención. Pero a largo plazo el sistema de subvenciones en el Tercer Sector ocasiona muchos problemas estructurales.

 

En este artículo te explicamos cuáles.

Tendencia a la microfinanciación

 

Según el informe «Resolución de la convocatoria de subvenciones con cargo al 0,7 en el tramo estatal en 2023» de la Plataforma Tercer Sector, dichas subvenciones del Estado financiaron en 2023 a un número mayor de proyectos sociales que el año anterior.

 

Destinar más dinero para financiar a más entidades y sus proyectos puede parecer bueno… Pero no lo es.

 

Al haber más proyectos que solicitan ayudas, el dinero destinado a cada entidad es menor. En concreto, las subvenciones antes mencionadas solo financiaron el 25% del coste total de los proyectos presentados en 2023. Esto significa que una entidad que vaya a pedir una subvención debe tener asegurado de antemano el otro 75% de su financiación o no podrá mantenerse.

 

Además, a esto se suma que existe una fuerte disparidad en la adjudicación de subvenciones. En la convocatoria 2023 de las subvenciones con cargo al 0,7, veinte entidades en España se llevaron el 50% de la cuantía total de las ayudas. El 50% restante se repartió entre 268 entidades diferentes.

Creación de un sistema inestable

 

Los datos no mienten. Si sumamos el aumento de los proyectos que solicitan subvención a una disminución de la cuantía que se subvenciona y a una valoración de proyectos que no es constante de año en año, ¿qué obtenemos?

 

La respuesta está clara: una situación inestable.

 

Las entidades que dependen de subvenciones no pueden garantizar ni su estabilidad ni su continuidad por dos motivos claros. Primero porque reciben cada vez menos dinero al aumentar la totalidad  de organizaciones que piden subvención. Segundo, porque no hay forma de saber con qué criterios el personal técnico valora los proyectos de un año a otro; esto aumenta el riesgo de dejar de recibir una subvención con la que ya contábamos.

Proyectos e impacto cortoplacistas

 

Esta incertidumbre de no saber si una subvención que nos conceden un año se mantendrá al siguiente afecta fuertemente a nuestra entidad y a nuestros proyectos. ¿Cómo vais a planificar proyectos plurianuales? ¿Cómo vais a mantener vuestra infraestructura? ¿Qué significa para vuestro propósito como organización no tener asegurada una continuidad?

 

Os lo decimos sin paños calientes: las subvenciones en el Tercer Sector son parches. Vienen muy bien para empujar pequeñas acciones, pero son inviables para realizar un impacto verdadero a largo plazo.

Perpetuación de la precariedad laboral

 

Esta característica la conocéis perfectamente. Depender de un sistema de microfinanciación inestable y con proyectos a un año vista equivale a precariedad laboral.

 

Para cumplir los objetivos de un proyecto hacen falta estructura, personal y, aunque os parezca paradójico, inversión. Como hemos dicho, las subvenciones solo cubren un 25% del coste del proyecto. Esto requiere conseguir el otro 75% y reducir los gastos al mínimo indispensable.

 

La gran mayoría de entidades, especialmente si son pequeñas, solo cumplen esos dos objetivos pidiendo más subvenciones, creando contratos laborales precarios, tirando de voluntarios e incluso invirtiendo del propio bolsillo. En resumen: en lugar de centrarse en cumplir su propósito, se dedican a sobrevivir.

El ROI de las subvenciones en el Tercer Sector

 

Si juntamos todo lo que hemos dicho anteriormente, damos con una conclusión muy clara: depender de las subvenciones para mantener nuestro proyecto es inviable.

 

Dedicamos muchísimos esfuerzos a conseguir este tipo de ayudas: recabar datos para justificar la necesidad de nuestro proyecto, planificarlo de tal forma que tenga un impacto real, contratar personal que pueda llevarlo a cabo, desarrollar la infraestructura necesaria… Pero todo esto cae en saco roto si nuestra fuente de financiación es incierta y cambiante. El retorno de la inversión en tiempo (y dinero) es cuanto menos cuestionable.

 

A esto se suma la tendencia a microfinanciar que tienen las Instituciones que convocan subvenciones. Hoy nos podrán dar el 25% del proyecto, pero quizá mañana solo nos den un 15%. Si realmente queremos cumplir con nuestro propósito como entidad, solucionando problemáticas sociales y creando puestos de trabajo de calidad, nuestro camino no puede ser el de la subvención. 

Subvenciones en el Tercer Sector: problemas estructurales de las subvenciones.

Y esto, ¿tiene solución?

 

Es muy posible que hayáis leído este artículo y os pongáis en lo peor. No os culpamos. Sin embargo, desde Futuro Presente no queremos quedarnos con lo negativo. Salir de esta situación es posible, pero requiere esfuerzo y estrategia.

 

Lo más importante es que nos demos cuenta de las carencias del sistema y busquemos cómo solucionarlas. Desde Futuro Presente vemos dos soluciones complementarias: una de ellas depende de nuestra movilización como sector y la otra depende de cada entidad.

 

Por un lado, es necesaria una mayor transparencia en la adjudicación de subvenciones. Para nosotros, el secreto universal más codiciado no es la receta de la Coca-Cola, sino el sistema de evaluación de proyectos de la Administración Pública. Necesitamos saber cómo escogen los proyectos y cómo los valoran. Esto solo puede conseguirse a través de una movilización estratégica de todo el Tercer Sector.

 

Por otro lado, y ese que sí podéis hacer de forma individual, es el de trabajar en un sistema de financiación propia. Ese 75% de estructura tiene que venir de otro lado que no sea de subvenciones. Cuotas de socios, colaboraciones, alianzas estratégicas… Es un camino que requiere esfuerzo y tiempo, pero cuyo retorno de la inversión es real y cuantificable.

 

Aunque suene a que queremos venderos la moto, recordad que si necesitáis ayuda con este último punto, aquí estamos para echaros una mano.  

 

Paula Fumagalli Calvo

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