“¡Excelencia ahora!”
Hace poco me compré el nuevo libro de Tom Peters, gurú de la gestión organizacional. Todavía no he podido ni hojearlo, pero de momento me basta con su portada, con ese título lapidario, en letras enormes: ¡Excelencia, ahora! (¡Y excelencia siempre, si se me permite añadir!)
La búsqueda de la excelencia es un deber moral de todas las Entidades del Tercer Sector. Un deber hacia sus respectivas Causas y hacia quienes confían en ellas.
Excelencia ni es sinónimo de perfección. Además, lo perfecto es enemigo de lo bueno, por lo que va en contra de la excelencia, cuyo fin siempre es la búsqueda de lo mejor.
La excelencia organizacional es un cruce entre “Que todo lo que te parezca lo mejor sea para ti una ley irrenunciable”, de Epicteto, con “La excelencia no es una acción, sino un hábito”, de Aristóteles.
Así que la excelencia es más un proceso que un fin.
Un proceso de mejora y superación continua.
No es necesario contar con una gran estructura, una larga trayectoria, un abultado presupuesto. Para ser excelentes lo que se necesita es responsabilidad y voluntad. La excelencia no está reservada solamente a las grandes Organizaciones.
La excelencia es exigente, pero no es difícil.
Podríamos considerar que la búsqueda de la excelencia en las Organizaciones del Tercer Sector se sustenta en cuatro principios interrelacionados entre sí:
La vocación organizacional implica centrarse y dedicarse profunda y genuinamente al Propósito (la razón de ser) de la Organización.
La planificación establece la hoja de ruta que nos guía y que nos evita los caminos que puedan alejarnos de cumplir, de forma eficaz, con nuestro Propósito.
Cuanto más logramos, con el menor costo posible, y de la mejor manera posible, más eficaces somos.
Los proyectos poco eficaces, además de no aportar a la Causa, conllevan un desperdicio de valiosos recursos y lastran a la Organización.
Sólo siendo inconformistas y evitando la autocomplacencia podemos mejorar continuamente.
La autocomplacencia paraliza a las Organizaciones; el inconformismo, las impulsa.
Las Organizaciones inconformistas celebran los éxitos, pero también hacen autocrítica cuando resulta necesario.
Inspiradas por la vocación organizacional, guiándose por los objetivos establecidos en la planificación, buscando que su cumplimiento sea lo más eficaz posible, y movidas por el impulso del inconformismo, las Organizaciones adoptan la cultura y el hábito de la mejora y la superación continua.
Así que a por ello: ¡Excelencia, ahora (y siempre)!
No hay excusa.
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