Emprendimiento en el Tercer Sector: más allá del fundraising

Durante años, la sostenibilidad económica de las entidades sociales ha estado fuertemente vinculada a la captación de fondos: subvenciones públicas, donaciones privadas, campañas de fundraising o convenios con empresas. Este modelo ha permitido sostener una enorme red de impacto social, pero también ha generado una dependencia estructural que hoy empieza a mostrar sus límites.

 

En un contexto de creciente competencia por los recursos, mayor exigencia en la medición del impacto y cambios en las prioridades de financiación, muchas organizaciones se enfrentan a una pregunta incómoda pero necesaria: ¿es suficiente con captar fondos o necesitamos empezar a generar ingresos propios de forma más sistemática?

 

Aquí es donde emerge, con cada vez más fuerza, el emprendimiento dentro del Tercer Sector.

El límite del modelo tradicional

El modelo clásico de financiación ha sido eficaz, pero presenta tensiones claras:

 

  • Alta dependencia de convocatorias públicas sujetas a ciclos políticos.
  • Ingresos inciertos y difíciles de planificar a medio plazo.
  • Escasa autonomía estratégica al depender de financiadores externos.
  • Dificultad para escalar proyectos más allá del marco subvencionable.

 

Esto no implica que el fundraising deje de ser clave. Lo seguirá siendo. Pero cada vez más entidades están entendiendo que no puede ser la única palanca.

 

La sostenibilidad ya no se entiende solo como “conseguir fondos”, sino como construir estructuras económicas más diversificadas, resilientes y alineadas con la misión.

De captar fondos a generar valor

El cambio de mentalidad es profundo. Supone pasar de una lógica de financiación a una lógica de generación de valor.

 

Y esta lógica no se trata de “vender servicios” o “montar una empresa”, sino de identificar qué capacidades, conocimientos o activos tiene la organización que pueden convertirse en propuestas de valor sostenibles en el mercado.

 

Esto puede tomar muchas formas:

 

  • Servicios especializados derivados de la experiencia social (formación, consultoría, intermediación laboral).
  • Comercialización de productos vinculados a procesos de inclusión (textil reciclado, manufactura, servicios auxiliares).
  • Desarrollo de soluciones innovadoras a problemas sociales que puedan escalarse.

 

El punto clave es que el ingreso no sustituye a la misión: la refuerza. Cuando está bien planteado, el emprendimiento permite ampliar impacto, no desviarlo.

Emprender desde el propósito

Una de las principales diferencias entre el emprendimiento tradicional y el del Tercer Sector es el punto de partida.

 

Aquí no se empieza por una oportunidad de mercado, sino por una necesidad social. El reto está en traducir esa necesidad en un modelo económicamente viable.

 

Esto exige un equilibrio delicado:

 

  • Mantener la coherencia con la misión.
  • Evitar la “deriva mercantil” que diluya el propósito.
  • Asegurar la viabilidad económica sin depender de subsidios permanentes.

 

No es sencillo. Pero cuando se consigue, el resultado es potente: actividades que generan ingresos mientras crean oportunidades reales para colectivos vulnerables o mejoran el acceso a servicios esenciales.

Formas de emprendimiento en el Tercer Sector

En España, este proceso ya está en marcha, aunque de forma desigual. Algunas de las fórmulas más habituales incluyen:

 

  • Creación de empresas de inserción o centros especiales de empleo.
  • Desarrollo de líneas de actividad económica dentro de la propia entidad.
  • Constitución de sociedades mercantiles participadas por la organización.
  • Alianzas comerciales con empresas privadas en proyectos de impacto.

 

Cada modelo tiene implicaciones distintas en términos de gobernanza, fiscalidad y riesgo. No hay una única vía correcta.

 

Lo importante es que la estructura elegida permita combinar tres elementos: impacto social, viabilidad económica y coherencia organizativa.

Barreras culturales y organizativas

A pesar de las oportunidades, el emprendimiento sigue generando resistencias dentro del Tercer Sector.

 

Algunas son comprensibles:

 

  • Miedo a “perder el alma” de la organización.
  • Falta de capacidades empresariales internas.
  • Dudas sobre la compatibilidad entre lucro y misión.
  • Inercia hacia modelos conocidos y percibidos como más seguros.

 

Pero también hay una barrera cultural más profunda: durante mucho tiempo, lo empresarial se ha percibido como algo ajeno o incluso opuesto a lo social.

 

Hay que superar esta dicotomía. Esto no va de “convertirse en empresa”, sino de incorporar herramientas empresariales al servicio del impacto.

El papel de las alianzas con empresas

En este contexto, las alianzas con empresas juegan un papel fundamental.

 

No como relaciones tradicionales de patrocinio, sino como colaboraciones más simétricas, donde ambas partes aportan y reciben valor.

 

Estas alianzas pueden permitir:

 

  • Acceso a mercado y clientes.
  • Mejora de procesos y eficiencia operativa.
  • Desarrollo conjunto de nuevos productos o servicios.
  • Escalabilidad de iniciativas de impacto.

 

Cuando están bien diseñadas, estas relaciones superan la lógica de la responsabilidad social corporativa y se acercan más a modelos de colaboración estratégica.

 

El reto está en construir marcos de confianza y objetivos compartidos, evitando relaciones desequilibradas.

Casos de aprendizaje en España

El ecosistema español ofrece ejemplos interesantes de este enfoque híbrido.

Desde entidades que han desarrollado líneas de negocio en reciclaje textil o gestión de residuos, hasta organizaciones que ofrecen servicios especializados a empresas en ámbitos como la inclusión laboral o la formación.

 

Algunos aprendizajes comunes que emergen de estas experiencias:

 

  • El emprendimiento requiere tiempo; no genera resultados inmediatos.
  • Es fundamental separar, al menos parcialmente, la gestión social y la económica.
  • La profesionalización es clave para competir en el mercado.
  • El impacto debe medirse también en términos económicos, no solo sociales.

 

También se observa que las entidades que mejor funcionan en este ámbito son aquellas que han asumido el cambio como una evolución natural, no como una ruptura.

Claves para avanzar

Para aquellas organizaciones que están considerando este camino, hay algunas claves prácticas que pueden facilitar el proceso:

 

  • Empezar desde lo que ya se sabe hacer bien.
  • Validar la propuesta de valor antes de escalar.
  • Incorporar perfiles con experiencia empresarial.
  • Diseñar estructuras jurídicas adecuadas desde el inicio.
  • Alinear a la gobernanza de la organización con la nueva estrategia.

 

Y, sobre todo, asumir que emprender implica riesgo. Pero también oportunidad.

 

No hacerlo también tiene un coste: el de quedarse en un modelo cada vez más tensionado.

Mirar al futuro con realismo

El emprendimiento en el Tercer Sector no es una solución mágica ni sustituye a otros modelos de financiación. Pero sí es, cada vez más, una pieza necesaria del puzzle.

 

En los próximos años, es probable que veamos una mayor hibridación entre lo social y lo empresarial. Organizaciones más flexibles, modelos más diversificados y una mayor orientación a resultados, tanto sociales como económicos.

 

La pregunta ya no es si el Tercer Sector debe emprender, sino cómo hacerlo de forma coherente, sostenible y alineada con su razón de ser.

 

Porque, en última instancia, el objetivo no se limita a sostener las organizaciones, sino a ampliar su capacidad de transformar la realidad.

David Vieira Martorell

Colaborador de Futuro Presente

Fundador de BSocial — Economía Social e Inversión de Impacto

 

Nota del autor

Desde BSocial trabajamos en conectar entidades sociales con empresas e inversores de impacto para construir modelos sostenibles. Si quieres conversar sobre cómo dar este paso, escríbenos a hola@bsocial.es.

 

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